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Formación continua: una responsabilidad ética y profesional

Vivimos en una época que no espera. Los cambios tecnológicos, sociales y culturales se suceden con una velocidad que desafía cualquier certeza adquirida. En este escenario, sostener que la formación inicial alcanza para toda una trayectoria profesional resulta, cuanto menos, ingenuo.

La escuela, la universidad y las organizaciones en general enfrentan hoy demandas que no existían hace una década: nuevas subjetividades, nuevas tecnologías, nuevas formas de aprender y de vincularse. Responder a esas demandas requiere profesionales capaces no solo de aplicar lo que saben, sino de seguir aprendiendo, de cuestionar sus propias prácticas y de incorporar nuevos marcos de comprensión. La formación continua no es un plus para quienes tienen tiempo y vocación. Es una responsabilidad ética y profesional. Sostener lo contrario implica, en los hechos, aceptar la parálisis institucional como destino.

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